Hablamos el post pasado de los hermanos
Matamoros. Hoy nos centraremos en Coto y su resurrección cual muerto viviente,
pero con la capacidad de mordisco y peligro de un zombi actual.
En la versión breve; eran los tiempos dorados
de CRONICAS MARCINAS y similar y a la salida del programa se repartía un camión
de dinero entre los contertulios que propiciaban el show. Coto Matamoros, en
calidad de representante, amigo, confidente, proveedor y a saber qué más cosas
de CARMINA ORDOÑEZ participaba habitualmente en el programa y era una de sus
estrellas. Su desparpajo, desfachatez, lengua viperina y demás habilidades
habían calado hondo entre el público. Era el puto amo y lo sabía.
Pero todo tiene un principio y un final, y
nada es eterno salvo el Dr. Who y BOLA DE DRAGON ZZ. Acabó CRÓNICAS MARCIANAS y
cada uno se tuvo que buscar la vida. El amigo Coto estuvo durante un tiempo
como colaborador de LA CAMPOS en Antena 3 y luego desapareció del orbe
cristiano. Su hermano, Kiko, que en aquel tiempo le iba a rebujo, también se tuvo que buscar las habichuelas y fue
peregrinando por los platós, ora anunciando su relación con Makoke, ora anunciando
que tenían problemas. Pero eso, como diría Mark Twaim, es una historia que no
cabe contar aquí.
La cosa es que Coto desapareció del mapa y muchos
decían que con la pasta gansa ganada se había comprado un bosque y se había
perdido. Si Estibaliz Sanz, que era una cualquiera de segunda categoría, dijo
que había llegado a ganar medio millón de euros en un mes, no quiero pensar la
cantidad que podía haber amansado el amigo Coto, otrora estrella indiscutible
de la nada y la miseria.
Ganar ganaría lo que no está escrito, pero ya
sabes qué pasa con el dinero, que si se esfuma por la nariz, que si se esfuma
por la entrepierna, que si lo cambias en monedas y no dura ná. La cosa es que gente que le quería mal le
reclamaba parné. Que si no pasaba la manutención de sus hijos, que si había
estado en la cárcel por no se qué confusión con la maleta, que él sólo había
comprado calzoncillos y le habían puesto una droga ahí, y claro, con esos
antecedentes las autoridades le tenían manía…En fin; que huyó a Tailandia
porque le querían volver a meter en el trullo por temas de manuntenciones y tal
y allí hizo una conexión diciendo que quería suicidarse porque la vida era un
asco y nadie le comprendía.
Ni el gato se creyó ese intento de suicidio y
la vida siguió su curso. Kiko, su hermano, se enchufó en el SALVAME como pudo y
ahí está, dando caña según mande la empresa a quien toque. Coto ni estaba ni se le esperaba. Unos decían
que estaba tranquilamente en el extranjero, huyendo de sus problemillas y
viviendo de las rentas. Otros que se había metido por la nariz más de lo que
podía asimilar y andaba en el mundo de Oz.
Y en esto estábamos cuando la semana pasada
anunciaron…tachán tachán…el regreso de
Coto. Que si tenía información sobre Lidia. Que si se quería reconciliar con su
hermano. Que si había cambiado. No sé; creo que todo el mundo se esperaba ver a
un demacrado drogadicto en decadencia sin capacidad de hablar, viviendo del
pasado y suplicando por volver a tener al menos
minutos de fama.
Lo que nos encontramos, creo yo, estuvo más
próximo a ver al Jóker de las películas del Batman de Nolan. Vimos la rencarnación
del caos y la maldad, pero plenamente consciente. Un asceta más allá del bien y
del mal imprevisible, capaz de matar levantando la ceja y divirtiéndose con
ello. Un tipo que tiene el cerebro destrozado, sí, pero ello no le impide
lanzar réplicas mortales y tirar dardos envenenados. El puto amo de vuelta de
todo, el golfo que simplemente ha hecho un parón de siete años para irse de
fiesta, el rey negro del país de Oz que se pasa por el arco del triunfo su
reino y las riquezas. El kamikaze destroyer de mente ágil que pasa de tó porque
ná le importa, pero sabe donde duele.
¿De Lidia? No me da la gana de hablar.
¿Reconciliación con mi hermano? Anda y que le den. Es más; lo voy a poner a
caldo porque sí, hoy me da por ahí. ¿El dinero? Me importa una mierda, vivo de los
amigos y a ver quién es el guapo que puede decir lo mismo. ¿Yo? El puto amo,
mira qué tranquilo estoy y qué tipo tengo. ¿Las drogas? Cuando me dé la gana lo
cuento, de momento te salgo por peteneras.
En fin; que ha resucitado un monstruo. Un
monstruo que da mucho de sí. Es imprevisible, es incontrolable, es malo y da
miedo. Pero es ágil, da juego, tiene carisma y labia y nos deja a todos
agarrados a la butaca. Está de vuelta de todo y es tan feliz en la cárcel como
en un burdel, a ver quién es capaz de eso.
Espero que Coto vuelva a aparecer porque da
mucho juego. Media hora de entrevista y Kiko fue de nuevo y para rato “el
hermano de”, pese a que se lo lleva tiempo currando. Espero que se le suelte la
lengua y vaya canturreando mientras le dicen de todo. Es la generación beaknit,
esa que escribía sobre drogas mediante drogas, adaptada a la tele. Es el
surrealismo de lo esperpéntico. Es lo portuario hecho debate rosa. Es el puto
amo, qué quieren que les diga. No me gustaría ser ni familiar ni amigo de ese
tipejo, pero como espectador reconozco que me encandila.


































